Frankenstein o El moderno Prometeo, de Mary Shelley.

Si conocías la historia, no era dificil de adivinar que el post anterior “Un verano monstruoso” era una narración inventada sobre cómo se gestó “Frankenstein o El moderno Prometeo” de Mary Shelley. Los personajes que compartieron aquel verano de 1816 con Mary Shelley eran su futuro marido Percy Shelley y dos amigos, el poeta Lord Byron y el médico que acompañaba a este, John Polidori, entre tantas charlas y divagaciones sobre multitud de temas, no salió nada imaginativo de la cabeza de Mary Shelley, sólo una pesadilla lo hizo posible ;).

Mary Shelley, retrato de Richard Rothwell

Mary Shelley, retrato de Richard Rothwell

Introducción

El mito de Frankenstein es de sobra conocido por todos, lo tenemos muy dentro de nuestro subsconciente, lo usamos en nuestra vida cotidiana, incluso vemos a Trump como Frankenstein ;). En el libro, el doctor Viktor Frankenstein consigue después de un largo esfuerzo lo que buscaba, dar vida a la materia inerte. Pero resulta que el monstruo creado (que no tiene nombre por cierto), se vuelve contra el doctor, ¡contra su creador!

Se publicó por primera vez en 1818, han pasado casi 200 años desde la publicación de la novela pero como todas las obras maestras, perduran en el tiempo, no pasan de moda. Quizá no sea un best seller, nunca se va a poner en la estanteria de más vendidos de ninguna libreria, pero pasan los años y se sigue hablando de la obra de Mary Shelley (no tanto de ella, por cierto).

Hay un par de temas que trata el libro que hacen reflexionar.

Jugar a ser Dios

El primero es obvio. ¿Es posible dar vida a algo que no la tiene? Es la obsesión de Viktor Frankenstein, pero es una de las cosas inalcanzables que persigue el ser humano, otra muy clásica es el santo grial que proporciona eterna vida. Lo que es claro, es que se ha avanzado mucho en conocer el origen de la vida, aunque no podamos reproducirlo a nuestro antojo.

Los italianos Galvani (que nombra Shelley en su obra) y Spallanzani hicieron sus progresos en el siglo XVIII, el primero dio lugar al galvanismo, que argumentaba que la por entonces desconocida electricidad podría provocar vida, el segundo tiraba abajo cualquier teoría de la generación espontánea, algo que más tarde Pasteur remataría.

En el XIX, quizá inspirado por la obra de Shelley, el inglés Crosse experimentó y creyó haber dado vida a insectos (o quería que le creyéramos), y en el siglo XX, no hace tanto, el americano Stanley Miller experimentó y llegó a la conclusión de que la primera forma de vida se generó por reacciones químicas.

Desde luego, el camino de la ciencia es muy profundo, ¿dónde llegaremos?

Dentro de la maldad, hay siempre algo bueno

El otro tema es algo que ya comenté al hablar de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, la dualidad bien-mal en el humano, y en este caso, en el monstruo de Frankenstein. Porque el monstruo no es inicialmente malo, lo primero que aprende es a querer y lo primero que necesita es ser querido, al no conseguirlo y ser rechazado por los humanos, es cuando entra en cólera y se convierte realmente en monstruo.

Somos todos humanos, pero también somos todos monstruos, ¿o no?

El libro

Existen básicamente tres variantes de la obra:

  • El manuscrito original, de 1817.
  • La versión corregida por Percy Shelley, de 1818.
  • La versión reeditada por Mary Shelley en 1831.

Quitando el manuscrito original, que se encuentra a buen recaudo en la Bodleian Library en Inglaterra. Las otras dos versiones son las que encontramos normalmente en los libros actuales.

Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley

Frankenstein o El moderno Prometeo, de Mary Shelley

 

En mi caso he leído la versión de 1818 en el libro editado por Cátedra dentro de la colección Letras Universales, de la historiadora Isabel Burdiel que además de la obra de Mary Shelley muy bien traducida y anotada, contiene una buena introducción, bibliografía y el prefacio a la versión de 1831 que escribió Mary Shelley, muy recomendable. Podéis acceder a él en Amazon (enlace de afiliado) o aquí en la propia editorial, e incluso se puede encontrar gratis en inglés otra edición.

Un verano monstruoso (relato)

Un verano monstruoso

Mary lo pasó mal aquel verano.

Su idea era pasar un verano tranquilo a orillas del lago suizo, en aquella casa que su prometido había alquilado, cerca de donde se alojaba el mejor amigo de éste.

Sus planes pasaban por salir en barca hasta el centro del inmenso lago y disfrutar de la espectacular vista de las montañas con nieve perpetua. Le apetecía pasear por el bosque en la orilla del brazo de su amado, sumergirse en aquel clima templado en el corazón de Europa, muy lejos de los grandes cambios que estaba sufriendo su Inglaterra natal. Cambios que se daban en cualquier aspecto, tecnológicos con la aparición de máquinas increiblemente pensadas, demográficos con un aumento de la población, o sociales con reivindicaciones por los derechos de los trabajadores y un sinfín de temas más, imposibles siquiera de entender para alguien culta como Mary.

Además, Mary venía de pasarlo mal. Nunca conoció a su madre, y eso siempre fue un trauma. Le hubiera gustado oir de boca de su madre, sobre todo, esas luchas por la igualdad de géneros que tenía con todo el que considerara a la mujer inferior al hombre; pero nunca pudo hacerlo, murió por complicaciones en el parto de Mary. Dar vida, y morir en el mismo momento, trágico para cualquier alma humana.

Por su parte, su padre le educó de forma peculiar, tanto a Mary como a su hermana mayor. Lo hizo descuidando cosas básicas pero a la vez dejando que accediera a la gran sala del tesoro que era su biblioteca particular, donde Mary pudo autoformarse.

Mary tuvo que soportar como por torpeza su padre echaba piedras sobre la reputación de su madre. Tampoco hizo muchas migas con la nueva relación sentimental de su padre, ni con los medios hermanos que venían con ella.

Para rematar, como sucede en tantas historias familiares, el padre no aprobaba la relación de Mary con su prometido, y algún motivo tenía para ello, como era el filtreo continuo con la hermanastra de Mary o un hijo con otra mujer al mismo tiempo que se prometía con Mary.

Y encima la climatología no acompañaba. Llovía sin cesar, día y noche. Daba igual que fuera verano, el tiempo no respetaba nada. Se pasó días enteros encerrada en casa, bien en la suya o bien en la de su amigo George junto a su prometido y a otro amigo común. No eran malos momentos los que pasaba, pues la compañía era excelente, gente letrada con gran pasión por las letras, por contar historias; pero ni mucho menos era lo que había imaginado para aquel verano.

Quizá lo que más le molestaba es esa inferioridad que le hacían sentir sus contertulios, tratándola como una adolescente. De hecho lo era, tenía sólo 19 años, pero le molestaba ese trato. Se creían superiores por el don que tenían manejando las palabras, plasmando aquel recargado vocabulario en poemas y relatos que serían reconocidos en todo el mundo conocido.

En sus adentros se propuso estar a la altura, los miraría a los ojos y los desafiaría. No sabía cómo lo conseguiría pero su decisión era firme.

Se sentó cerca de la ventana, seguía lloviendo, no podía concentrarse.

Se alejó de la ventana y se pegó al fuego. El crepitar tampoco le dejaba concentrarse.

Fue a la cocina y mientras preparaba la cena entre fogones, pensaba. Pero tampoco, no podía.

Lo dio por imposible, después de cenar, se excusó y se retiró a la habitación de invitados. Posiblemente el esfuerzo mental había sido lo suficientemente intenso para que se sintiera agotada físicamente, se entregó a los brazos de Morfeo.

A la mañana siguiente, se levantó pálida. Una terrorífica pesadilla había pasado por su cabeza. Jamás lo había pasado tan mal por la noche, pero estaba contenta. Ahora sí, ahora estaba convencida que lo que le había dado miedo a ella, le daría miedo a todo el mundo, había encontrado al gran monstruo que buscaba y que le serviría para desafiar a quien quisiera.

La pequeña adolescente escribiría una obra maestra de un género literario nuevo, inexistente hasta aquella noche.

El Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Estos días he leído el libro “El Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, escrito por mi idolatrado Robert Louis Stevenson, uno de los escritores que más ha hecho porque me guste la literatura. Es uno de esos libros que leí de niño, seguramente en una versión juvenil, pero que de adulto ha estado escondido siempre de mis lecturas sin ninguna razón aparente.

El otro día al pasearme por las secciones que más frecuento en la librería: historia, psicología, empresa, economía, filosofía y casi cualquiera donde los ensayos superan a las novelas, no había nada que me llamara la atención especialmente, así que decidí cambiar de registro e ir a la sección de narrativa a echar un vistazo. Y enseguida fui a ver los libros de Stevenson y allí lo ví … no lo dudé, ya era mío, al fin lo leería de nuevo.

Dr. Jekyll y el Sr. Hyde son dos personajes que están afincados sobradamente en nuestra cultura, todo el mundo conoce que el doctor Jekyll era un honorable médico, querido y respetado por todos los que le conocían y que, en el otro extremo está el señor Hyde, que desprendía una vileza extraordinaria, todo el que se acercaba a él notaba esa maldad y se sentía incómodo a su lado.

El suspense en el libro es muy bueno pero obviamente al ser una historia tan conocida, es difícil de valorarlo, todo el mundo sabe lo que va a pasar.

Lo que tiene más enjundia es el tema de la dualidad bien-mal existente en el ser humano. Stevenson seguramente era partidario de la existencia de esas dos vertientes, buena y mala, en todas las personas. La leyenda dice que quemó el primer manuscrito de la obra por miedo a profundizar en ese tema.

Quizá nunca seamos Jekyll o Hyde, pero creo que Stevenson no iba desencaminado. Personalmente creo que es muy complicado que una persona sea totalmente buena o totalmente mala. Algo de esa dualidad debe existir, es común encontrar historias donde un malvado asesino (o violador o terrorista) tiene un punto bueno y salva a alguien en medio de todos sus delitos. Y por otro lado las personas más buenas, al menos que yo conozco, a veces tienen sus puntos pequeños de envidias, egoísmo o pequeños defectos.

Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Portada del libro “El Dr. Jekyll y Mr. Hyde”

Un libro muy recomendable, yo lo he disfrutado muchísimo. Por si a alguien le interesa, la edición que yo he leído es de Alianza Editorial con una buena traducción de Carmen Criado, no tiene prólogo ni notas ni comentarios ni nada, “sólo” Stevenson, en estado puro.  Aquí lo tenéis disponible (sí, es un enlace de Amazon de afiliado).

Pero si alguien la quiere leer en versión original, como ya no tiene derechos de autor, es posible encontrarlo en muchos sitios de forma gratuita, por ejemplo aquí o aquí.

El método de encriptación SHA1 no es seguro, pero Myspace no lo sabía

Hace unos días, nos desayunábamos con la noticia de que Myspace había sufrido un ciberataque que les había robado las contraseñas a sus 360 millones de usuarios (aunque supongo que no activos muchos de ellos).

Por contextualizar, a muchos Myspace le puede sonar algo viejo, y ciertamente lo es. Nació en 2003 y fue en cierto modo una de las primeras redes sociales tal y como las concebimos ahora, creció rápido y dejó atrás a otras redes sociales como Hi5 o Friendster (del que era un clon) pero luego sucumbió ante el todopoderoso Facebook de Mark Zuckerberg y ahí vino el declive. He consultado Google Trends y he extraído esta gráfica con la evolución de Myspace y dos de sus competidoras (Hi5 y Friendster):

Interés en el tiempo de Myspace, Hi5 y Friendster. Fuente: Google trends

Interés en el tiempo de Myspace, Hi5 y Friendster. Fuente: Google trends

 

Pero si por curiosidad comparamos Myspace con Facebook, la visión cambia totalmente.

Interés en el tiempo de Myspace, Hi5 y Friendster con Facebook

Interés en el tiempo de Myspace, Hi5 y Friendster con Facebook. Fuente: Google Trends

 

Bien, volviendo a la noticia del ataque a las contraseñas, resulta que Myspace usaba un método de encriptación de sus datos también de hace una década, el SHA1.

SHA1, Secure Hash Algorithm, es un método de encriptación creado por la National Security Agency (NSA) norteamericana, fue publicado en 1995 como mejora del anterior algoritmo de SHA que había sido publicado dos años antes. Por sus siglas ya sabemos que es un “algoritmo hash”, es decir, que cada cadena que encripta le hace corresponder otra cadena, en este caso de longitud de 160 bits (20 bytes). El problema viene con la primera palabra de SHA, con Secure, porque ya no es del todo seguro este método de encriptación, lo fue cuando Myspace empezaba a andar pero ha pasado el tiempo y se ha demostrado que no es seguro, además de que no es fiable porque como todos los algoritmos de funciones hash, tiene una limitación técnica y hay posibilidades de colisionamiento (que dos cadenas originales diferentes, generen la misma cadena encriptada, para que nos entendamos).

Bruce Schneier, un experto en seguridad que ahora es CTO en una compañía comprada por IBM, ya había alertado hace la friolera de 11 años del riesgo que tenía usar SHA1 y desaconsejaba el continuar usándolo. Un ataque de fuerza bruta requeriría 280 operaciones para romper SHA1, pero es que habían rebajado ya ese número a 269 operaciones y si en 2005 se tardaba según Schneier 56 horas  en romper una cadena encriptada con SHA1 (con una máquina de menos de $40) pues hoy día tiene que ser más rápido aún.

Pero Myspace no pensaba igual, ya sea por tiempo y/o dinero, no invirtió en dar más seguridad a sus usuarios y desgraciadamente, porque esto no se desea nunca, ahora lo ha pagado. O quizá simplemente que nadie en Myspace se dio cuenta de que algo podía ir mal. O simplemente, que ya no queda nadie en Myspace.

Para mi la conclusión es que en informática, no se puede descuidar una parte de nuestro sistema y menos la seguridad porque mientras que unos se quedan parados, los “malos” nunca descansan.

 

“Attacks always get better; they never get worse”

Alguien en la NSA

 

Usabilidad en la web, ayudando a personas con dislexia

No sé si es algo común en todas las personas o solo es en mi entorno, pero desde niño se hacen bromas contra las personas que sufren dislexia, que tienen más dificultad en leer los textos que el resto de las personas. Realmente no creo que haya maldad, sino que tenemos mucho desconocimiento sobre qué es la dislexia, de hecho, lo primero que pensamos es que los disléxicos escriben en espejo, algo que digo por experiencia pues con mis hijas lo he sentido cuando vi la R al revés, la parte buena es que al menos ha servido para informarme y saber que los expertos aconsejan abandonar esa idea, pues la dislexia es algo mucho más complicado que eso y que suceda ese tipo de escrituras en niños no es tan extraño.

Ya de adultos, la gran parte de la gente intenta ayudar y se lo toman mucho más en serio. Una forma en la que podemos ayudar los informáticos en Internet es la de mejorar la usabilidad de los sitios web, facilitar la lectura de los contenidos a las personas con dislexia (pero no limitándonos a ellas, por supuesto), lo podemos hacer de forma sencilla siguiendo los siguientes consejos.

1 – Bajo contraste (o no muy alto) entre el color de la fuente y el color del fondo.

Un alto contraste les dificulta la lectura, por lo que no es muy recomendable usar fuentes de color puro negro sobre fondo puro blanco, es más conveniente usar tonos grisáceos oscuros en la fuente y algo más relajado el fondo.

2 – Evitar la letra en itálica o subrayada

Sí, letra itálica o subrayada les dificulta la lectura, por lo que es aconsejable usar estos estilos lo mínimo posible. Es mejor utilizar la negrita para los casos donde queremos resaltar una parte del texto.

3 – No justificar el texto

La justificación de un texto puede generar espacios en blanco demasiado grandes que hace “despistarse” al lector, y esto es independiente de si sufre dislexia o no; un texto justificado no es usable y hay que evitarlo (aunque a mi por ejemplo, a veces me parece que puede quedar bien estéticamente) ya que pueden crear los llamados ríos tipógraficos que despistan tanto.

4 – Demasiado texto sin separación …

Escribir grandes textos sin un mísero punto y aparte que lo separe en párrafos atenta de nuevo a la usabilidad, y de nuevo no sólo a personas con dislexia sino al resto también; es incómodo leer párrafos demasiado grandes sin pausas, divide y vencerás.

5 – … o demasiada separación!

El caso contrario al punto 4 también resta usabilidad. La separación de párrafos debe ser simple, no separar demasiado los párrafos usando doble salto de línea por ejemplo. No es necesario separar tanto los párrafos.

 

Con estos pequeños consejos podemos ayudar y mejorar la usabilidad de los sitios web que desarrollamos, lo que redundará en una mayor calidad en nuestro trabajo, por lo que conviene tenerlos presentes. Todos ellos van hacía tener una mayor claridad en el texto y realmente no son exclusivos para las personas con dislexia sino para todos los visitantes de nuestros sitios web.